Por: Antonio Zambrano Allende
Una sonrisa me amenaza el rostro, como un atentado a la seriedad
ideológica. Se asoma inevitable y no puedo más que ajustar los dedos contra el puño en el
aire y seguir cantando La Internacional, sumergido entre 15 mil hermosas
almas campesinas. Estoy en el VI Congreso Nacional del Movimiento de
Trabajadores Rurales Sin Tierra - MST en Brasil.
Antes
de bajar del bus apenas había dado una leída a su Programa Agrario, a
su lectura de la Lucha de Clases y combate contra el agronegocio que les
va matando decenas de cientos de compañeros en el campo con sus
pistoleros y sicariatos durante los últimos años, y no me costo tanto
darme cuenta por mi mismo, una vez más, que la lucha es tan clara como
lo dijera François Houtart hace muy poco: No se trata solamente de una
lucha contra los latifundistas tradicionales, sino también contra las
transnacionales del agronegocio y el capital financiero. Tan explícita
que, convictos y confesos su táctica y consigna es la Luchar y Construir
Reforma Agraria Popular y su horizonte de lucha es el Socialismo. Así
con mayúsculas y "sin roche". Ese Socialismo que cae en la tierra del
puro sudor y que ha cosechado cooperativas y derechos para los
trabajadores en los últimos 30 años.
Este
congreso que te embriagaba por osmosis del concepto de Socialismo a lo
MST, aquel sin calco ni copia, que te explicaba en las caras de los
campesinos que su marxismo - leninismo sin miedo ni reniego se traduce
del portugués en sus miles de alfabetizados, en su tierra reconquistada
y expropiada a los latifundistas y a la delincuencia histórica en el
campo brasileño, se podría traducir también a ese extraño dialecto con
el que nuestra izquierda peruana se dedica a destruir su idioma político, quizá
como un llamado a la inspiración y la esperanza, a beber de lo mejor de
nuestro tiempo, de occidente y todos los puntos cardinales, para
recuperarnos a nosotros mismos y retomar el Marxismo como arma, como
instrumento y bandera creativa.
Sobran
las palabras que mastico, casi chacchando, al regresar a casa. Luego de
volver por tierra esos 5000 km que me separan hoy de ese momento,
viendo como se transforma metro a metro nuestra patria, tan grande y
golpeada como nuestros sueños.
Finalmente
me estrello contra esta Lima amurallada, de poco sol y poca lluvia, con
cielo tan gris del puro deseo de no definirse al blanco o negro. Y en esta necesidad de escribir; y en
esta invitación a la indefinición o la militancia venir de Brasil ayuda a
poner un poco más claro el camino.
