Octubre 2016
En
las últimas semanas hemos podido conocer las medidas iniciales del
primer gabinete del nuevo gobierno. En el aún joven Ministerio de
Medio Ambiente (MINAM) se ha presentado a Elsa Galarza para encabezar
esta cartera clave para el futuro de nuestros territorios. No
solamente es la primera mujer que asume este rol sino también la
primera economista.
Este
giro en el sector va de la mano con el perfil del nuevo presidente
pero además con el deseo implícito (desde la gestión de Alan
García hasta nuestros días) de hacer del MINAM un espacio de
facilitación de inversiones y monetarización de bienes naturales
que hasta el día de hoy no habia tenido el carácter explicito que
si le desea dar Galarza.
Como
varios de nuestros lectores conocerán, la economía verde plantea
una serie bastante amplia de mecanismos para introducir en el mercado
diversos elementos (zonas de vida, elementos de la atmosfera,
alternativas tecnológica y biotecnológica) relacionados a la
naturaleza para transformarlos así en mercancías capaces de ser
vendidas y compradas. Es decir que ellas pierdan su esencia de bienes
comunes y se conviertan en generadores de “Servicios
Ecosistémicos”, “Mecanismos” (REDD+, MDL, etc.) con la
cualidad de poder ser eventualmente comercializados.
Una
cualidad particular de esta visión de la naturaleza es que, como
suele pasar con todo lo que se introduzca en el mercado, se
deshumaniza y su futuro pasa a ser determinado por el propietario,
gestor o usufructuario de turno, el detalle en este caso es que ahora
se habla de bosques, de oxígeno (o CO2 en el aire, que para el caso
es prácticamente lo mismo), zonas de los océanos o experimentos a
gran escala a través de la geoingeniería, este último aún en
intenso debate.
Pero
si. Elsa Galarza entra con un paquete ideológico bajo el brazo, muy
bien integrado con el debate neoliberal contemporáneo alrededor del
ambiente y con una estructura de políticas nacionales e
internacionales que se viene implementando en numerosos países, pero
que finalmente en nuestro medio aún es novedad. Obviamente que no se
pone en discusión ningún tipo de inversión ya destructiva el día
de hoy sino que simplemente pretende “ampliar” los mercados
haciendo “útil” eso que históricamente se ha visto como
desierto verde y que en años más recientes era analizado muy a la
ligera por Alan Garcia como “rios desperdiciados en el mar” y
“bosques desaprovechados”.
No
consideramos que el camino vaya por el aumento de pigmentación
clorofilica o simple teñido de verde de nuestra economía, sino
porque los sectores con grandes intereses en nuestros territorios
empiecen a comprender la necesidad de protegerlos, no por el lucro,
sino por el beneficio del país y la humanidad en su conjunto.
