martes, 6 de diciembre de 2016

¿Clorofila a la economía?


Octubre 2016

En las últimas semanas hemos podido conocer las medidas iniciales del primer gabinete del nuevo gobierno. En el aún joven Ministerio de Medio Ambiente (MINAM) se ha presentado a Elsa Galarza para encabezar esta cartera clave para el futuro de nuestros territorios. No solamente es la primera mujer que asume este rol sino también la primera economista.

Este giro en el sector va de la mano con el perfil del nuevo presidente pero además con el deseo implícito (desde la gestión de Alan García hasta nuestros días) de hacer del MINAM un espacio de facilitación de inversiones y monetarización de bienes naturales que hasta el día de hoy no habia tenido el carácter explicito que si le desea dar Galarza.

Como varios de nuestros lectores conocerán, la economía verde plantea una serie bastante amplia de mecanismos para introducir en el mercado diversos elementos (zonas de vida, elementos de la atmosfera, alternativas tecnológica y biotecnológica) relacionados a la naturaleza para transformarlos así en mercancías capaces de ser vendidas y compradas. Es decir que ellas pierdan su esencia de bienes comunes y se conviertan en generadores de “Servicios Ecosistémicos”, “Mecanismos” (REDD+, MDL, etc.) con la cualidad de poder ser eventualmente comercializados.

Una cualidad particular de esta visión de la naturaleza es que, como suele pasar con todo lo que se introduzca en el mercado, se deshumaniza y su futuro pasa a ser determinado por el propietario, gestor o usufructuario de turno, el detalle en este caso es que ahora se habla de bosques, de oxígeno (o CO2 en el aire, que para el caso es prácticamente lo mismo), zonas de los océanos o experimentos a gran escala a través de la geoingeniería, este último aún en intenso debate.

Pero si. Elsa Galarza entra con un paquete ideológico bajo el brazo, muy bien integrado con el debate neoliberal contemporáneo alrededor del ambiente y con una estructura de políticas nacionales e internacionales que se viene implementando en numerosos países, pero que finalmente en nuestro medio aún es novedad. Obviamente que no se pone en discusión ningún tipo de inversión ya destructiva el día de hoy sino que simplemente pretende “ampliar” los mercados haciendo “útil” eso que históricamente se ha visto como desierto verde y que en años más recientes era analizado muy a la ligera por Alan Garcia como “rios desperdiciados en el mar” y “bosques desaprovechados”.


No consideramos que el camino vaya por el aumento de pigmentación clorofilica o simple teñido de verde de nuestra economía, sino porque los sectores con grandes intereses en nuestros territorios empiecen a comprender la necesidad de protegerlos, no por el lucro, sino por el beneficio del país y la humanidad en su conjunto.