No importa quien inventa el arma,
sino quien jala el gatillo
sino quien jala el gatillo
Fragmento de un dialogo de la pelicula 'los edukadores' de Hans Weingartner
Samuel Hungtinton, ya en los lejanos años setentas empezaba la 'correccion' de la democracia con su participación en el primer informe de la Comisión Trilateral sobre la crisis mundial de la democracia. Este informe y esta comisión - financiada y conformada bajo los intereses de los Rockeffeler - tenia como misión: ver cuales eran las razones de la crisis mundial de la democracia, que se desata durante fines de la década de los sesentas en los países industrializados.
A Hungtinton y sus amigos no se les ocurrió nada mejor que decir que lo que ocurría era el resultado de la inmensa expectativa insatisfecha producida por los regímenes democráticos luego de la segunda guerra mundial, por lo que lo mas oportuno era empezar a ver en su 'real dimensión' la democracia, es decir, en su dimensión representativa pequeñoburguesa, o en otras palabras, había que esperar menos beneficios en la calidad de vida real de la poblacion para lograr sostener la democracia . es aquí que se da por primera vez el uso actual del termino Gobernabilidad y a traves del texto del informe se empieza una lenta pero sostenida popularización del concepto, logrando que hacia mediados de la decada de los 80's ya se empiece a adoptar por los organismos internacionales y que para los 90's y en la actualidad sea tan omnipresente que todo pase bajo su filtro, teniendo una tan amplia gama de utilidades que al final, cada vez que hablamos de gobernabilidad, nada queda muy claro mas que la legitimacion del orden establecido.
A decir verdad, el termino Gobernabilidad ha logrado licuar en la practica una serie de conceptos complejos que permitian posicionar políticamente a la población frente a problemas reales y concretos, como por ejemplo la reforma del estado, (que durante la década del 80 se utilizaba casi indistintamente suplantandolos por el termino gobernabilidad para imponer las razones por las cuales los estados latinoamericanos debian pasar por un proceso traumatico de reformas sectoriales). o temas como la representación o para desacreditar las movilizaciones sociales o las formas en que el pueblo demostraba nuevas y creativas maneras de manifestarse frente a los continuos abusos del sistema.
La idea es eliminar el rastro de conflicto de nuestro lenguaje, dar a la gobernabilidad el rango de valor incuestionable y que la población debe dar por ella su incomodo silencio.
Pero es en estos casos, que las organizaciones y movimientos sociales, ante el continuo ataque a su lenguaje cotidiano y a la imposición de esta clase de términos que llegan hasta ellas, que estas las reciben para remoldearlas en función a sus intereses de clase, a sus luchas cotidianas y a las luchas mayores por articular movimientos, por lo que empiezan a saltar conceptos que nos hacen descubrir que sin una educación y salud universal y sin restricciones para todos no tiene sentido hablar de gobernabilidad, que sin empleo digno y sin el goce de nuestros derechos elementales que faciliten nuestra felicidad no hay gobernabilidad posible, sin una democracia real en la que haya mecanismos de acercamiento de la población a la toma de decisiones sobre sus propios problemas no se puede hablar de gobernabilidad.
Es decir. el dilema aun se encuentra en la construcción de un lenguaje propio, en la estructuración de universos conceptuales propios que nos permitan alzar nuestras banderas de lucha frente al gran capital que nos flexibiliza los logros de décadas de trabajo organizacional, teniendo ahora que ganar menores sueldos, disfrutar menores vacaciones, menos beneficios sociales, menores indices de calidad de vida por la depredacion del medio ambiente en aras de que las grandes empresas vean a nuestros paises como gobernables.
¿Gobernabilidad para quien? esa es una pregunta que queda pendiente, lo que para mi tiene una fácil respuesta.
A Hungtinton y sus amigos no se les ocurrió nada mejor que decir que lo que ocurría era el resultado de la inmensa expectativa insatisfecha producida por los regímenes democráticos luego de la segunda guerra mundial, por lo que lo mas oportuno era empezar a ver en su 'real dimensión' la democracia, es decir, en su dimensión representativa pequeñoburguesa, o en otras palabras, había que esperar menos beneficios en la calidad de vida real de la poblacion para lograr sostener la democracia . es aquí que se da por primera vez el uso actual del termino Gobernabilidad y a traves del texto del informe se empieza una lenta pero sostenida popularización del concepto, logrando que hacia mediados de la decada de los 80's ya se empiece a adoptar por los organismos internacionales y que para los 90's y en la actualidad sea tan omnipresente que todo pase bajo su filtro, teniendo una tan amplia gama de utilidades que al final, cada vez que hablamos de gobernabilidad, nada queda muy claro mas que la legitimacion del orden establecido.
A decir verdad, el termino Gobernabilidad ha logrado licuar en la practica una serie de conceptos complejos que permitian posicionar políticamente a la población frente a problemas reales y concretos, como por ejemplo la reforma del estado, (que durante la década del 80 se utilizaba casi indistintamente suplantandolos por el termino gobernabilidad para imponer las razones por las cuales los estados latinoamericanos debian pasar por un proceso traumatico de reformas sectoriales). o temas como la representación o para desacreditar las movilizaciones sociales o las formas en que el pueblo demostraba nuevas y creativas maneras de manifestarse frente a los continuos abusos del sistema.
La idea es eliminar el rastro de conflicto de nuestro lenguaje, dar a la gobernabilidad el rango de valor incuestionable y que la población debe dar por ella su incomodo silencio.
Pero es en estos casos, que las organizaciones y movimientos sociales, ante el continuo ataque a su lenguaje cotidiano y a la imposición de esta clase de términos que llegan hasta ellas, que estas las reciben para remoldearlas en función a sus intereses de clase, a sus luchas cotidianas y a las luchas mayores por articular movimientos, por lo que empiezan a saltar conceptos que nos hacen descubrir que sin una educación y salud universal y sin restricciones para todos no tiene sentido hablar de gobernabilidad, que sin empleo digno y sin el goce de nuestros derechos elementales que faciliten nuestra felicidad no hay gobernabilidad posible, sin una democracia real en la que haya mecanismos de acercamiento de la población a la toma de decisiones sobre sus propios problemas no se puede hablar de gobernabilidad.
Es decir. el dilema aun se encuentra en la construcción de un lenguaje propio, en la estructuración de universos conceptuales propios que nos permitan alzar nuestras banderas de lucha frente al gran capital que nos flexibiliza los logros de décadas de trabajo organizacional, teniendo ahora que ganar menores sueldos, disfrutar menores vacaciones, menos beneficios sociales, menores indices de calidad de vida por la depredacion del medio ambiente en aras de que las grandes empresas vean a nuestros paises como gobernables.
¿Gobernabilidad para quien? esa es una pregunta que queda pendiente, lo que para mi tiene una fácil respuesta.
El concepto de gobernabilidad ha enfermado tanto, que las opciones presuntamente progresistas llegan al poder en el primer y en el tercer mundo para hacer políticas de derecha.
ResponderEliminarEs un debate que da para mucho.
Ahora bien, lo de Venezuela, lo de Bolivia, o lo de Ecuador, parecen demostrar que esa lógica puede comenzar a desarticularse.
Interesante blog que voy a linkear al mío.
Te invito a darte una vuelta por Edukadores (las buenas ideas siempre sobreviven), cuyo disparador fue la misma película que citás en el epígrafe