Hay algunos años que pasan pesados como yunques en manos de paracaidista, otros que en a la distancia parecen semillitas de dientes de león flotando de la pura brisa que los toca, como si planearan metodicamente donde aterrizar su ligereza. Yo me siento distante de ambas, aunque esa cosquillita de sentirme más viejo este año si parecia que me la hicieran con alguna pluma en los pies mientras me encontrara atado a alguna extraña maquina de torturas.
Cumplo 31, ahuritita nomas, en alguito menos de 48 horas, y la verdad que se vienen tranquilas del puro sadismo, como queriendo vengarse del casi año entero en que no pensé su llegada.
Pero ya, aquí está, ese numero extra que me da pase pleno en la tercera década, casi contra mi voluntad pero con cierta felicidad de envejecer de a poquitos. Ya empiezo a reconocer con cinismo un par de canas en mi barba y admito que cada vez me molestan menos.
Y, peor aún, me preocupa casi sin ningún escozor mis contradicciones y más el no conocerlas a fondo, menos el calendario y más las fiestas, menos el miedo de morirme y más el de vivir a medias. Intento cultivar mis prejuicios para hacerlos menos estúpidos de lo que ya son y dejo atrás la estupidez de pensar que no vivo con ellos cada uno de mis días.
No se si leo más, pero cada día la tinta me seduce con mayor ansia las ganas de recorrer sus ángulos y curvas, y dejar que me transporte al pasado para discutir el futuro. Si leí menos este año, es solamente un parentesis para pensar lo leido y vivir un poco lo pensado, por allí que termino haciendo algo correcto. Quien sabe.
¡Nada de que juventud es un estado mental ni nada!, ¡uno envejece carajo!, ¡acostumbrense! la piel se marchita imperceptiblemente, el deporte pesa, la mirada se cansa, los habitos se instalan y las medidas de mis pasos no necesariamente apuntan a la del horizonte de mis ideas. No es lo mismo, esa es la magia y hay que paladearla en ese su saborcito picante para entenderla sin renegar de sus formas. Supongo que por los 40s tendré una perspectiva más clara del asunto. Aunque ya llegado por este barrio me parece que eso de la madurez es una tontería de los que no saben emborracharse con la suficiente frecuencia. Pero de que uno envejece, envejece. Hay que solo decidir como hacerlo, ajustarse el cinturón y avanzar en esa dirección.
Tranquilo, Boby, Tranquilo. Tengo 31 años y me siento feliz de estar envejeciendo
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