PUBLICADO:
2012-05-24
Antonio Zambrano
Allende
De acuerdo con las
Naciones Unidas, el Perú se encuentra desde el año 2000 en la lista
de los 10 países que serán más golpeados por el cambio climático
en el mundo. En nuestro país, ocasionará un enorme estrés hídrico
en una de las ciudades más grandes del mundo ubicada en un desierto,
es decir Lima. Adicionalmente tenemos como efectos del mismo fenómeno
la eliminación de la gran mayoría de nuestros nevados tropicales
(que al mismo tiempo son el 70% del mundo) y que al día de hoy ya
han retrocedido en más de un 25%, lo cual asegura modificar el
estilo de vida, sociedad, cultura, economía y política de nuestra
realidad nacional.
No olvidemos los ya
42 millones de desplazados 10 climáticos que se cuenta en la región
Asía y Pacífico que hasta el día de hoy ya se cuentan, y los 200
millones que prevé la ONU para los próximos años en el mundo.
En este contexto hay
que añadir los cerca de 10 millones de peruanos (2 millones de ellos
en Lima) que no tienen ningún acceso al agua salubre, para darnos un
panorama de lo que significa el serio problema del calentamiento
global y la gestión de recursos hídricos para los peruanos.
Los ríos y la
amazonía
Las contradicciones
precedentes implican replantear la manera de pensar el desarrollo de
nuestra sociedad en relación con su medio ambiente y el conjunto de
nuestros frágiles ecosistemas, dándonos cuenta que como lo
diría Pedro Arrojo
durante su coordinación de observadores internacionales en la Macha
por el Agua: “Los ríos no son solo H2O, ni los bosques una
acumulación de madera. Hay que entender sus complejas
interacciones”.
En este contexto es
que desde hace años nuestro país viene intentando hacer
“productivo” nuestros ríos de dos maneras diferentes, por un
lado tendiendo negociaciones con el vecino país de Brasil para la
construcción de megarepresas en los ríos de la cuenca amazónica y
por otro con la expansión de iguales megarepresas en todo el país,
especialmente el oriente, con el fin de nutrir de energía eléctrica
a la minería que en
la próxima década amenaza con invertir hasta 50 mil millones de
dólares en una gran cantidad de proyectos que reordenarán el
territorio nacional y modificarán profundamente la manera como lo conocemos el
día de hoy.
El acuerdo
El 16 de junio del
2010, los entonces presidentes Alan García y Luiz Inacio Lula da
Silva firmaron el: “Acuerdo entre el gobierno de la República
Federativa del Brasil y el gobierno de la República del Perú para
el suministro de Electricidad al Perú y Exportación de excedentes
al Brasil”. En él se plantea la venta durante los próximos 50
años de electricidad de nuestro país al vecino del este mediante la
construcción de grandes represas.
Esto se traducirán
en la venta de hasta 7200 Mw de electricidad a través de
hidroeléctricas como la de Inambari en el sur, Paquitzapango en el
centro o el Pongo de Manseriche en el norte. Implicando una larga
serie de impactos en nuestro territorio y solamente beneficios para
el hermano carioca.
¿Que significarían
estas represas?
Una represa en la
Amazonia representa literalmente un muro que bloquea el flujo de
nuestros grandes ríos, esto hará que el agua se acumule e inunde
los bosques aledaños, formando lagunas. Bajo estas aguas inundadas
morirá todo lo que antes conformaban los bosques de riberas de los
ríos e iniciarán un largo proceso de putrefacción y emanación de
inmensas cantidades de metano, un gas que tiene 21 veces el efecto
invernadero del CO2. Estos Gases de Efecto Invernadero son los que,
al acumularse en la atmósfera de nuestro planeta, provocan el
calentamiento global al hacer que los rayos solares que rebotan de la
tierra,sean capturados y
vuelvan a impactar sobre la superficie terrestre.
Solamente la
hidroeléctrica de Inambari en la triple frontera entre Cusco, Puno y
Madre de Dios elevaría las emisiones de estos gases (GEI) del Perú
en 5,6%. Es decir, no solamente se cortaría el flujo de nutrientes
del río eliminando la densidad forestal del resto de la cuenca, río
abajo, los peces, animales y poblaciones pesqueras (que en la
Amazonia utilizan el río para obtener el 80% de sus nutrientes),
sino que además contribuirían al avance acelerado del cambio
climático.
Hay que recordar que
la enorme acumulación de agua modifica también la temperatura
atmosférica alrededor de la zona inundada, cambiando el
comportamiento de los ecosistemas en su totalidad. La demanda minera
En paralelo, hace unos meses se lanzó la alerta: la minería ha
crecido los últimos años en un promedio del 7% anual y para que se
den los 50 mil millones de dólares de inversión que se prevé para
este sector en la próxima década será necesario que se invierta al
año al menos mil millones en construcción de infraestructura
energética en el territorio.
Esta sería la
justificación para que se construyan estas enormes represas, ya que
de lo contrario habría un posible escenario de crisis
hidroenergética para el 2017. Pero crisis ¿para quién? ¿para las
empresas mineras, para el modelo extractivista o para los peruanos?
Otra lógica El sentido común neoliberal de nuestros tiempos reza
que aquello que no se “aprovecha” se desperdicia, pasando a ser
una suerte de “riqueza ociosa” que debe convertirse en riqueza
“real” en la medida que pueda traducirse en una cifra de dinero.
Por allí que desde
hace algunos años los representantes del Estado y del Gran capital
nos vienen diciendo que la amazonía no solamente es un territorio
vacío, como siempre han dicho, sino que está sub-utilizado, y los
que por esas casualidades de la vida habitan allí son “perros del
hortelano” sin capacidad de producir en la medida necesaria de las
exigencias de nuestro desarrollo nacional.
Sin embargo los
datos que tenemos desde hace casi una década plantean, al menos,
levantar una ceja inquisidora ante la inercia de nuestra economía
nacional y su lógica productivista.
LAS MEDIDAS
Para ambos casos,
tanto para la demanda minera como para la brasileña, el Estado desde
el año pasado ha empezado a desarrollar estrategias complementarías
que se han traducido en instrumentos legales como el D.S. N°020–2011
MINEM y que plantea la construcción de 20 grandes hidroeléctricas
en el río Marañón, una tras otra desde Huánuco hasta Amazonas en
la frontera con la región Loreto, lo cual plantea la muerte literal
de uno de los principales afluentes del Amazonas. Y por otro lado la
R.S.N°042-2012 PCM, esta última ya del gobierno Humala que
constituye una comisión multisectorial para la facilitación de las
inversiones eléctricas en el territorio nacional para el desarrollo
de la inversión minera y su demanda eléctrica, que permitan
continuar con el crecimiento de este sector en los próximos años.
La primera señala
la disposición de hasta 12430 MW de energía para la exportación y
la venta en el mercado libre nacional e internacional. La segunda la
construcción de nuevas centrales para terminar de definir el
carácter primario exportador de nuestra economía en el mundo.
Ninguna de las dos
miradas del territorio considera las vulnerabilidades de sus
ecosistemas y de las poblaciones históricamente vulneradas en sus
derechos.
Publicado en la
Revista Bajo la Lupa, Edición impresa N° 19

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