PUBLICADO:
2013-03-26
Publicado en Agenda
Global - La Primera / Viernes 15 de marzo de 2013 - No. 105 - Año
2013
Antonio Zambrano
Allende
Décadas de
maltratos, decenas de millones de personas expulsadas de sus tierras
y una lucha mundial contra la construcción de más represas ocurre
en todo el mundo; es en este contexto que ayer -14 de marzo- se
conmemoró el Día Mundial de Acción contra las Represas y por los
Ríos.
Los peruanos, con
apenas la central hidroeléctrica del Mantaro como la mayor del país
y un puñado de otras viejas hidroeléctricas construidas en
diferentes lugares del territorio nacional, no conocemos aún los
impactos reales de este tipo de infraestructura en la piel de nuestro
pueblo. Sin embargo, la sombra del drama de más de un millón de
afectados por las hidroeléctricas en Brasil se proyecta hoy sobre
nuestro territorio, como si los grandes edificios y enormes
presupuestos de la empresa Odebrecht pudieran abrirse camino por
ellos mismos sobre nuestra Amazonía y su gente… o mejor dicho, a
pesar de ellas.
Programas sociales,
viveros para las orquídeas que se quedarán sin hábitat, cursos en
las universidades, cantidades enormes de propaganda y cifras
millonarias de lo que ellos ganarán, enmarcados en cuadritos con
líneas siempre apuntando a un cielo poco visible. Eso es lo que nos
ofrecen. Poco nos dicen de lo que pasará con la gente que tendrá
que asumir el enorme sacrificio de dejar que inunden sus casas y
tierras; y menos aún, que buena parte de las hidroeléctricas que se
proyecta construir obedece a la fuerte presión que la minería
ejerce sobre nuestra Matriz Energética Interconectada Nacional a fin
que se edifiquen nuevas centrales con energía barata para la
explotación de minerales. Difícilmente veremos alguna de las
cartillas de Odebrecht en Celendín (Cajamarca) en las que se nos
diga que lo más lógico, rentable y práctico para ellos sería
venderle la electricidad a Minas Conga, ya que Chadín 2 se pretende
construir como anillo al dedo para abastecer de electricidad a un
“futuro” proyecto minero en este lugar. En otras palabras,
represar el Río Marañón en el lugar que, además, constituye el
corazón del hábitat de especies oriundas en peligro de extinción,
como el oso de anteojos.
En los próximos
años se tiene programada la construcción de al menos treinta
hidroeléctricas en todo el territorio nacional. Empero, nuestro país
carece de un plan de desarrollo nacional consultado con su población;
tampoco cuenta con un plan de desarrollo energético y mucho menos
con uno de ordenamiento territorial que nos permita proyectar para
qué y para quién es necesaria la energía que demandan con tanta
desesperación algunos medios de comunicación desde hace varios
meses; especialmente sabiendo que los principales intereses no se
encuentra en la población sino en el consumo de los sectores
extractivos y sus cadenas de producción.
En otras palabras,
el proyecto Marañón, la hidroeléctrica de Inambari, la de
Paquitzapango (ambas priorizadas dentro de la Nueva Matriz Energética
Sostenible – NUMES del Estado), la hidroeléctrica de Chadín 2, el
Proyecto Especial Olmos-Tinajones, Majes Siguas 2 y la ampliación
del proyecto de Irrigación Chavimochic en su tercera etapa no están
pensados dentro de ningún proyecto, ni a largo ni a mediano plazo,
para el desarrollo integral del país, más allá de proyecciones de
cifras macroeconómicas, para el crecimiento del PBI y las
proyecciones de ganancia que pueda traer la venta de energía, de
tierras o de productos para la agroexportación.
Finalmente,
cualquiera puede darse cuenta -sin necesidad de grandes títulos
profesionales ni especialización técnica- que nos estamos acercando
sigilosamente, casi reptando, a nuestro segundo bicentenario como
República con las taras de un Estado que sigue de espaldas a su
población y en perpetua postura de irrespeto a su territorio. Tal
lamentable situación se palpa aún en cada chacra, cada peque-peque,
cada propiedad comunal y cada mototaxi. Y ese difuso proyecto de
nación sigue siendo un libro de garabatos de aquellos “dueños”
del Perú que jamás estarán dispuestos a dialogar con el pueblo.

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