domingo, 10 de noviembre de 2013

Insomnio

 
 
PUBLICADO: 2012-09-30

Antonio Zambrano Allende

Intento escribir en este mar de pixeles y códigos binarios, como pretendiendo asir arena con las fuerzas de mis puños y esperar que no corra entre los dedos pedazos de la realidad que suelen dar vueltas, incomprensibles, entre mis pensamientos, hoy insomnes.

Escribir se me vuelve, en estos tiempos, incluso mucho más difícil que lo que imaginé era la referencia de Thomas Mann a los verdaderos escritores, cuando decía: "Un escritor es alguien para quien la escritura es más difícil de lo que es para otras personas". Y yo, que soy bastante menos que un escritor real, sufro los libros infinitos que construyo en mis noches de latencia, en que retumba en mi cabeza eso de "dormir es morir" y quiero seguir un rato más en el juego de luces y sombras que me permite el tiempo, cada vez con mayor esfuerzo.

Se acaba rápido una semana en que ingreso peligrosamente a los 29 años de vida y la amenaza de continuar aquí por algún tiempo me sofoca con relojes y "casas de Asterión", como si el día a día no me obligara ya lo suficiente a mantenerme alerta del movimiento del sol sobre nuestras cabezas.

Es curioso como en el fondo de cada mirada hay interpretaciones tan diferentes de lo que es este camino, el pequeño trayecto que solemos compartir con los camaradas en la ruta y al mismo tiempo, nuestra necia ambición por ignorarlas todas para seguir con esta inercia sin sentido a priori, llena de saltos mortales y deportes de aventuras, capillas y pantanos, sillas y bicicletas; una suerte, siempre, de humor negro o broma de doble sentido, que nos pone todo en cuestión menos una: que debes levantar los puños y apretar los dientes, porque la existencia es una lucha a muerte y el que baje la guardia y espere el campanazo terminará con la rutina rompiéndole los dientes.

No valen las depresiones ni cualquier otra enfermedad burguesa del que hayamos sido contaminados por pasar cerca de alguna ciudad capital. Estamos condenados a querer que las cosas salgan bien, muy a pesar de nuestro pesimismo (y de Bryce), así que a tomar un café, leer un poco más de aquel libro y seguir intentando entender por alguno de sus extremos esta sociedad, con el único motivo, ya que estamos muy lejos del grado de filósofos, de transformarla

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