PUBLICADO:
2012-05-28
Antonio Zambrano
Allende
Nos han vendido una
ilusión demasiado cara, un concepto aplicable a costa de nosotros
mismos. Tanto el desarrollo -entendido como aquella idea del “más
y mejor”- y su contraparte, la pobreza – escasez de bienes y
reducidacapacidad adquisitiva- ya no sirven como factores de análisis
que nos permitan entender al mundo y sus diferentes formas de
sociedad.
El desarrollo
sostenible corre la misma suerte. Desde que lo conocemos a la fecha,
el concepto ha terminado siendo la licuadora que ayuda a mezclar el
cóctel de políticas extractivas y depredadoras -lo que en los
últimos años se traduce en las intervenciones de las grandes
inversiones en el 80 por ciento de nuestro territorio- combinado con
la corrupción, el desprecio a los “no desarrollados” y la
construcción de un sentido común que propugna que a partir de la
minería, la extracción de hidrocarburos, el monocultivo y las
proyecciones de grandes centrales hidroeléctricas en la Amazonía
lograremos el ansiado desarrollo.
De las ideas que
parten del concepto “satisfacer las necesidades de las generaciones
presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro para
atender sus propias necesidades”, queda muy poco o nada que sirva.
Eso a pesar del uso recurrente del términosostenible en
prácticamente toda la literatura legal que acompaña y facilita la
intervención sobre los territorios.
La construcción de
un proyecto de nación que no miré al indígena amazónico o al
comunero campesino como pobres, y que no identifique las áreas
naturales y ecosistemas más o menos megadiversos a su alrededor en
una escala de posibilidades de intervención del gran capital para
“darles valor”, implica un cambio en la estructura de
pensamiento. Cambio que no puede pasar por otro lado que no sea la
crítica al modelo de democracia en la que se ha pretendido asentar
prepotentemente la actual sociedad en que vivimos.
En ese contexto, la
consulta previa como derecho significaba para el país la posibilidad
de iniciar un debate sobre nuestros procesos sociales y colectivos de
toma de decisiones; de pensar la democracia peruana y de estructurar
una sociedad más justa y equitativa a partir de una profundización
infinitamente mayor de los procesos de descentralización,
entendiéndolos no solamente como la transferencia de funciones y
competencias a los gobiernos regionales y locales sino como la
posibilidad de que las poblaciones se acerquen de manera efectiva a
los procesos de toma de decisión. Aquello, a su vez, mediante
procesos que han iniciado este debate en los ordenamientos
territoriales participativos, los presupuestos y los planes de
desarrollo, entre otros; pero, además permitir que las comunidades
-como sujeto social- sean las que decidan sobre su futuro frente a
las intervenciones directas en sus territorios.
Esto es lo que el
gran capital entiende como “derecho al veto”, y eso es lo que
nosotros tenemos que empezar a entender como democracia soberana.
Sin embargo, y como en tantos otros casos, la discusión mayor se
redujo a una ley que luego se reduciría a un reglamento; con lo cual
se enfrascó a todo el movimiento social y sus organizaciones
representativas en la mediocre discusión de unos cuantos párrafos y
la lucha por el cambio de unas palabras por otras. Lamentablemente,
esta ha sido la dinámica de otros tantos procesos.
No obstante, de la
misma manera se discutirán en la Cumbre de la Tierra Rio+20 de junio
en Río de Janeiro (Brasil) los conceptos que, supuestamente, nos
permitirían redireccionar la economía, y con ella la sociedad,
hacia procesos más equitativos y justos con el medio ambiente y las
sociedades. El extractivismo exacerbado en todos nuestros
territorios, la altísima conflictividad social y los muertos que nos
sigue trayendo- deberían ser el marco para una discusión profunda y
sostenida de lo que deseamos por sociedad, sin recaer en
economicismos ni reducciones. El Plan Bicentenario, que se discute en
un gabinete de iluminados en las oficinas del CEPLAN de nuestro
actual gobierno debiera aproximar esta discusión a todas las zonas
del país. De otra manera, la realidad terminará archivándola en el
olvido.
* Coordinador del
Área de Integración Solidaria de Forum Solidaridad Perú e
integrante del Movimiento Ciudadano frente al Cambio Climático
(MOCICC).
Articulo publicado
en el diario La Primera el 25 de Mayo del 2011 en el suplemento
Agenda Global.
También pueden
encontrarlo en la web de la Red del Tercer
Mundo:http://agendaglobal.redtercermundo.org.uy/2012/05/25/la-critica-al-sueno/

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