PUBLICADO: 2011-06-11
Antonio Zambrano Allende
Hace ya varias semanas, ante la inminencia de los resultados de la primera vuelta electoral en el Perú, que nos ponían cara a cara frente a los extremos del gran espectro político nacional, no me quedaban dudas: Nos encontrábamos ante el mejor contexto electoral que nuestro país pudiera tener. Y no es que ambos candidatos significarán el mismo riesgo político, sino que planteaban un reto único para la generación que nos toca vivir, El retroceso cavernario de la extrema derecha corrupta o el proyecto semicronstruido de Gana Perú, partido que se ha convertido en la aglutinación de todas las fuerzas progresistas y de izquierda nacionales.
En otras palabras, todo o nada (aunque no por eso sepamos que es lo que significa este “todo”). El país ha dejado de lado la mediocridad de las medias tintas, y su acostumbrada agua-tibia limeña, que continuamente prefieren el centro a las definiciones políticas importantes. Allí vimos licuadas a opciones como la de Perú posible o Solidaridad nacional que aún sin decir mucho de si mismas planteaban la continuidad del sistema político a través del neoliberalismo que se ha vuelto tradicional durante los últimos veinte años. O productos como PPK que no paso de ser un conjunto de colores, eslogans y una cantidad insuperable de propaganda gratuita en todos los medios pero con un nucleo lobbysta y neoliberal aun mas claro que sus contendores toledistas o castañedistas.
Los limeños (y no me excluyo de ellos), permanentemente predispuestos al miedo e influenciados por una visión citadina y plástica que distorsiona su realidad, y es gracias a medios de comunicación comprados en mente, alma y bolsillo por el pensamiento hegemónico que han preferido rápidamente, ante esta dicotomía, apoyar a la corrupción, la insania y la publicidad bien hecha del equipo de gobierno de Keiko Fujimori, casi en su totalidad vinculados con los peores casos de corrupción y violación de derechos humanos de la dictadura de su padre, y aunque la distancia final ha sido de varios puntos porcentuales, Lima a demostrado una vez más su deseo histórico de enfrentarse al resto del país.
Este “resto”, es decir, los otros dos tercios de la población esparcida en sus regiones mas pobres, mas hermosas y mas ocupadas por las grandes inversiones e industrias extractivas, le han dicho no al continuismo de los últimos 20 años y han apostado por un cambio fuerte de nuestra economía y nuestro sistema político.
Y aunque la mayoría de los que nos encontramos en el lado izquierdo del espectro político esperarían grandes cambios lo mas pronto posible, creo que estos años pasados por la terriblemente oscura noche neoliberal me hacen esperar un poco menos de la cúpula política dirigencial y mas de sus bases soñadoras y movilizadas. Mis esperanzas en ese sentido es que nos empecemos a equivocar, con la creatividad que solo tienen las masas cuando se movilizan, es decir, que tengamos la voluntad de exigir cambios pero también de cambiar, de crear. La mas grande posibilidad que representa Ollanta Humala en el nuevo contexto político peruano es el de crear el espacio necesario para la reconstitución del tejido social en el Perú, un tejido herido y lleno de cicatrices viejas y profundas, las cuales han dado a luz una generación hueca, pero la cual se encuentra ávida de contenido real y político, ansiosa de fe en ella misma.
Es por eso que no depende tanto de la elección, o de la decisión sino del caos y la ingobernabilidad que ella pueda causar para que, en el barullo de la confusión el pueblo cree las salidas para avanzar colectivamente en la construcción de una nueva nación. Ollanta es importante por la esperanza que causa y encarna y su responsabilidad consiste tanto es sus decisiones adecuadas y consecuentes, como que en ellas traiga la semilla de la acción ciudadana, indisciplinada pero colectiva.
En un momento así, en que la derecha nos ha demostrado que solamente es capas de movilizarse en buses rentados y por publicidad bien dirigida para luego apelar permanentemente a la apatía política, y la gobernabilidad democrática de sofá y control remoto, es preciso que el pueblo o lo que se pretenda que significa esta palabra pueda demostrar no solo que no es gobernado ni gobernable, sino que tiene la capacidad de pensar en ser gobierno, en crear espacios mucho mas amplios de expresión y dialogo, pero también de presión y protesta.
Ollanta tiene en sus manos el volcán que él mismo despertó el cual puede transmitirle toda su energía o carbonizarlo. Esperemos que pase lo primero.
Ya Hegel hace siglos planteaba en su frase provocadora “tened el valor de equivocaros” el llamado a la acción creativa, creo que la opción que hemos elegido la mayoría de peruanos es la de empezar a tener valor y de ser necesario 'hacer' para equivocarnos y poder seguir haciendo, siempre a mano y sin permiso.

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