PUBLICADO:
2012-08-10
Antonio Zambrano
Allende
¿Es viable, ante la
negativa del gobierno de representar a su población, que esta pueda
negarse a dialogar de manera directa con una empresa? ¿Es "correcto"
que estas poblaciones tomen decisiones al margen de los procesos
formales, reconocidos y santificados? ¿Es posible en estos días
negar el dogma del dialogo como solucionador de todos los males y
conflictos en nuestro país? Parece que el pueblo cajamarquino se
canso de que lo vean como chupándose el dedo y finalmente tomen una
postura, que por demás parece bastante racional y democrática, que
si ellos ya decidieron ¿para que dialogar?.
En esta democracia
de papel, con la que viene jugando al origami nuestro gobierno de
turno, no es posible atentar contra los dogmas facilitadores de la
gran inversión, por lo que los análisis solamente pueden fluir de
boca de nuestros analistas, acariciando la gobernabilidad
democrática, el crecimiento sostenido, la gestión eficiente y
eficaz o algún otro término vacío que permita avanzar al gran
capital con su clásico discurso de trabajo temporal aunque sea con
destrucción permanente en los territorios, y omitiendo hablar de los
1019 pasivos ambientales mineros con los que tiene que convivir su
población cajamarquina todos los días, porcentaje importante de los
6 mil 847 que existen en el país hecho a fuerza de mercurio en los
ríos.*
Ante esto los
mediadores en Conga, y aunque sea sacrílego decirlo, avanzan
intentando sentar a un pueblo amordazado a discutir con una empresa
caníbal (o con su representante estatal) en un dialogo sobre que
órgano o extremidad de su ya mutilado cuerpo será ahora el plato de
fondo de las próximas exportaciones de nuestro país.
No quiero con esto
establecer la existencia de alguna mala intención de monseñor
Cabrejos y el padre Gastón Garatea, sabiendo de la buena fe
histórica de ambos en procesos populares previos. Sin embargo no se
puede negar que ante la negativa de consulta previa, o de referéndum
para que el pueblo de Cajamarca se exprese, cualquier dialogo es
vicioso por definición y antipopular por el método.
¿Que pasaría si un
día de sol en esta fría y mezquina capital nos animáramos a dejar
que la gente decida sobre su propio destino, su territorio y su
futuro. Empezáramos a apoyar procesos democráticos en la formación
de esa cosita llamada decisión y poder popular, y que nuestra
izquierda y derecha limeña dejen de juzgarlos a la distancia con la
mirada hacia abajo como bloqueadores de un dialogo que los
cajamarquinos ya tuvieron la oportunidad de tener en sus casas y
plazas durante las últimas (al menos) tres décadas y en la que
decidieron que Conga No Va? quizá en ese momento, la posibilidad de
otro Perú se podría poner en discusión.
*Fuente: FONAM
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