domingo, 10 de noviembre de 2013

No al dialogo

 
 
PUBLICADO: 2012-08-10

Antonio Zambrano Allende

¿Es viable, ante la negativa del gobierno de representar a su población, que esta pueda negarse a dialogar de manera directa con una empresa? ¿Es "correcto" que estas poblaciones tomen decisiones al margen de los procesos formales, reconocidos y santificados? ¿Es posible en estos días negar el dogma del dialogo como solucionador de todos los males y conflictos en nuestro país? Parece que el pueblo cajamarquino se canso de que lo vean como chupándose el dedo y finalmente tomen una postura, que por demás parece bastante racional y democrática, que si ellos ya decidieron ¿para que dialogar?.

En esta democracia de papel, con la que viene jugando al origami nuestro gobierno de turno, no es posible atentar contra los dogmas facilitadores de la gran inversión, por lo que los análisis solamente pueden fluir de boca de nuestros analistas, acariciando la gobernabilidad democrática, el crecimiento sostenido, la gestión eficiente y eficaz o algún otro término vacío que permita avanzar al gran capital con su clásico discurso de trabajo temporal aunque sea con destrucción permanente en los territorios, y omitiendo hablar de los 1019 pasivos ambientales mineros con los que tiene que convivir su población cajamarquina todos los días, porcentaje importante de los 6 mil 847 que existen en el país hecho a fuerza de mercurio en los ríos.*

Ante esto los mediadores en Conga, y aunque sea sacrílego decirlo, avanzan intentando sentar a un pueblo amordazado a discutir con una empresa caníbal (o con su representante estatal) en un dialogo sobre que órgano o extremidad de su ya mutilado cuerpo será ahora el plato de fondo de las próximas exportaciones de nuestro país.

No quiero con esto establecer la existencia de alguna mala intención de monseñor Cabrejos y el padre Gastón Garatea, sabiendo de la buena fe histórica de ambos en procesos populares previos. Sin embargo no se puede negar que ante la negativa de consulta previa, o de referéndum para que el pueblo de Cajamarca se exprese, cualquier dialogo es vicioso por definición y antipopular por el método.

¿Que pasaría si un día de sol en esta fría y mezquina capital nos animáramos a dejar que la gente decida sobre su propio destino, su territorio y su futuro. Empezáramos a apoyar procesos democráticos en la formación de esa cosita llamada decisión y poder popular, y que nuestra izquierda y derecha limeña dejen de juzgarlos a la distancia con la mirada hacia abajo como bloqueadores de un dialogo que los cajamarquinos ya tuvieron la oportunidad de tener en sus casas y plazas durante las últimas (al menos) tres décadas y en la que decidieron que Conga No Va? quizá en ese momento, la posibilidad de otro Perú se podría poner en discusión.

*Fuente: FONAM
 

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