domingo, 10 de noviembre de 2013

Bondades y maldades de una buena vecindad


Antonio Zambrano Allende

El 4 de agosto pasado Xtrata anunciaba la inversión más grande hecha a través de un solo proyecto en el Perú, la cual está declarada en 4,200 millones de dolares en ‘las Bambas’ (Apurímac), para la implementación de una mina de cobre que se abriría a fines del próximo año.
Esta inversión superaría incluso la que se estuvo a punto de iniciar con la hidroeléctrica de Inambari, que gracias a la movilización social masiva en todo el sur, se encuentra paralizada hasta el próximo año. Esta última hubiese representado la inversión de 4,000 millones de dolares de un solo cocacho pero con la inundación de decenas de miles de hectáreas de bosque y con una perdida en riqueza forestal, ambiental, social y hasta vial (se inundaría mas de 60 kilómetros de la recién estrenada carretera interoceánica sur).
Y bien, mientras en Perú se anuncian estas inversiones que representan ganancias para las grandes empresas, un pequeño engorde del PBI y grandísimas perdidas de territorio, cultura y sociedad en territorio nacional; en Brasil empiezan a sacar cuentas de cuanto representa su política de buena vecindad con el resto de países de la región.
Para empezar, Argentina y Venezuela han violado abiertamente en los últimos años contratos para abastecer de energía al exterior y priorizar su consumo interno; luego, Paraguay a renegociado su dotación de electricidad exportada desde el Itaipú y finalmente Bolivia a nacionalizado sus hidrocarburos (fundamentalmente gas) lo cual afectó directamente los activos de la transnacional petrolera del Estado brasileño: Petrobras.
Resultados, en Brasil se han perdido aproximadamente 4,000 millones de dolares en los últimos 10 años. Por supuesto que estas cifras pueden ser siempre engañosas, considerándose que la lógica empresarial que hace esta clase de cálculos es la de “lo que no se gana se pierde”, por lo que incluso podríamos tentarnos a decir que en realidad se ha dejado de arrebatar esa cantidad de energía, calculada en dolares, de otras economías nacionales.
Y en el transcurso de todo esto, en el Perú acabamos de firmar este 6 de junio pasado el Acuerdo Energético Perú – Brasil que facilitaría la construcción de 6 hidroeléctricas enteramente en territorio peruano para el abastecimiento de energía a Brasil.
La prensa de derecha nacional se regocija de que la revista Forbes nos catalogue como el ‘segundo mejor país’ destino de la región para hacer negocios (Diario Gestión 10-09-10 pág. 13). Hecho que, dicho sea de paso, no han pasado tampoco por alto para las constructoras Odebrecht, OAS, Furnas, y hasta las industrias del maquillaje, o a la Asociación de Productores de Etanol (Agrocombustibles) – APLA todas ellas de Brasil; en el caso de esta última, ya se está estudiando la posibilidad de aprovechar nuestro TLC con Estados Unidos, que Brasil no quieren para su país, para establecer inmensas plantaciones de etanol y agrocombustible en la selva y ampliar las ya existentes de Piura para exportarla desde nuestro país hacia el norte.
Mírenlo pues, mientras la región inicia un proceso de reapropiación de su energía y de una nueva mirada al consumo nacional, que incluso el gigante brasileño respeta. El Perú abre las puertas al despilfarro de sus recursos ante cualquiera que pueda dar un par de centavos por ellos.

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